domingo, 18 de octubre de 2009

Desequilibrio en los ecosistemas II

Cuando el equilibrio se rompe

La red de relaciones alimentarias y energéticas que vincula de manera indisoluble a productores, consumidores y descompomponedores, se reproduce con otros protagonistas en los distintos ecosistemas distribuidos por la superficie del globo.

En la base de este delicado equilibrio se encuentran los distintos tipos de relaciones que a lo largo de los siglos establecieron entre sí plantas y animales. Sin embargo, ese equilibrio natural puede romperse debido a factores de distinto orden que, incluso incidiendo en un único nivel de la cadena alimentaria, pueden provocar alteraciones graves y persistentes. Estos factores pueden ser tanto naturales como por la acción del hombre.

Cambios naturales en los ecosistemas
El mundo natural está en perpetuo estado de transformación. El cambio opera a todas las escalas de tiempo, desde las más cortas a las más largas. Los cambios a corto plazo, observables por las personas, suelen ser cíclicos y predecibles: noche y día, ciclo mensual de las mareas, cambio anual de las estaciones, crecimiento, reproducción y muerte de los individuos. A esta escala, muchos ecosistemas no expuestos a la acción humana parecen estables e invariables, en un estado de ‘equilibrio natural’.

Cada vez es más evidente que esto no es así. Pero los cambios a largo plazo, los que actúan durante décadas, siglos, milenios y hasta decenas de millones de años, son más difíciles de seguir. La propia ecología es una ciencia con menos de un siglo de antigüedad, un simple guiño en la historia de la mayor parte de los ecosistemas naturales. Además, es evidente que casi todos estos cambios a largo plazo no son ni regulares ni predecibles.

En conjunto, el clima es, sin duda, el factor más influyente a corto y medio plazo. En tierra, la temperatura, la precipitación y la estacionalidad son los tres factores que más afectan a la distribución de ecosistemas. Los cambios de cualquiera de ellos pueden tener consecuencias duraderas. En tiempos geológicos recientes, el ejemplo más visible de esto es, sin duda, la serie de glaciaciones que han caracterizado a gran parte del pleistoceno. Estos prolongados periodos de enfriamiento global han afectado profundamente a los ecosistemas de todo el mundo, han provocado la invasión por los casquetes de hielo polares de regiones templadas y la contracción de los hábitats forestales húmedos en partes del trópico.

A escalas temporales más cortas pueden también producirse alteraciones climáticas de influencia geográfica amplia. Uno de los ejemplos más espectaculares es la corriente de El Niño, una corriente de agua cálida que recorre periódicamente el Pacífico. Ejerce una influencia enorme sobre los ecosistemas marinos y provoca, por ejemplo, la muerte de arrecifes de coral en muchos lugares del Pacífico o la pérdida de productividad de las pesquerías del ecosistema de la corriente de Humboldt, frente a las costas de Perú y Chile.

Ciertos episodios locales también afectan con fuerza a los ecosistemas: incendios, inundaciones y corrimientos de tierras son fenómenos naturales que pueden tener repercusiones catastróficas a escala local. Este impacto no es necesariamente negativo: de hecho, muchos ecosistemas necesitan estas perturbaciones periódicas para mantenerse. Ciertos ecosistemas, una vez alcanzado el estado óptimo o clímax, son dependientes del fuego, ya que los incendios periódicos forman parte esencial del ciclo de crecimiento; estos ecosistemas son muy comunes en áreas semiáridas, como gran parte de Australia.

A escalas de tiempo más prolongadas, los fenómenos geológicos y la evolución desempeñan una función crucial en el cambio de funcionamiento de los ecosistemas. La deriva continental altera, literalmente, la faz de la Tierra, destruye paisajes y crea otros nuevos, mientras que la evolución da lugar a nuevas formas de vida que, a su vez, pueden crear ecosistemas nuevos al tiempo que inducen la extinción de otras especies y la pérdida o transformación de los ecosistemas de los que formaban parte.
Pero esto no significa que los ecosistemas naturales carezcan de continuidad. Muchos han demostrado una elasticidad y una persistencia enormes durante millones de años.

Cambios producidos por el hombre
No existe hoy un espacio natural en el que no se haya sentido el impacto del hombre a través de las actividades, con incidencia espacial que desarrolla en el ambiente. A lo largo de la historia de la permanencia humana sobre el planeta, el hombre ha ido estrechando relaciones con la naturaleza con el fin de lograr la satisfacción de sus necesidades primarias y superfluas, para ello ha modificado su entorno y éste a su vez ha incidido y modificado la conducta humana. Entre las modificaciones que genera el hombre se destacan:

Destrucción y fragmentación de hábitats
La influencia más directa del hombre sobre los ecosistemas es su destrucción o transformación. La tala a matarrasa (el corte de todos los árboles de una extensión de bosque) destruye, como es lógico, el ecosistema forestal. También la explotación selectiva de madera altera el ecosistema. La fragmentación o división en pequeñas manchas de lo que era un ecosistema continuo puede alterar fenómenos ecológicos e impedir que las parcelas supervivientes continúen funcionando como antes de la fragmentación.

Cambio climático
Ahora se acepta de forma generalizada que las actividades de la humanidad están contribuyendo al calentamiento global del planeta, sobre todo por acumulación en la atmósfera de gases de efecto invernadero. Las repercusiones de este fenómeno probablemente se acentuarán en el futuro. Como ya se ha señalado, el cambio climático es una característica natural de la Tierra. Pero antes sus efectos se podían asimilar, porque los ecosistemas ‘emigraban’ desplazándose en latitud o altitud a medida que cambiaba el clima. Como ahora el ser humano se ha apropiado de gran parte del suelo, en muchos casos los ecosistemas naturales o seminaturales no tienen ningún sitio al que emigrar.

Contaminación
La contaminación del medio ambiente por herbicidas, plaguicidas, fertilizantes, vertidos industriales y residuos de la actividad humana es uno de los fenómenos más perniciosos para el medio ambiente. Los contaminantes son en muchos casos invisibles, y los efectos de la contaminación atmosférica y del agua pueden no ser inmediatamente evidentes, aunque resultan devastadores a largo plazo. Las consecuencias de la lluvia ácida para los ecosistemas de agua dulce y forestal de gran parte de Europa septentrional y central es un fenómeno que ilustra este apartado.

Especies introducidas
El hombre ha sido responsable deliberado o accidental de la alteración de las áreas de distribución de un enorme número de especies animales y vegetales. Esto no sólo incluye los animales domésticos y las plantas cultivadas, sino también parásitos como ratas, ratones y numerosos insectos y hongos. Las especies naturalizadas pueden ejercer una influencia devastadora sobre los ecosistemas naturales por medio de sus actividades de depredación y competencia, sobre todo en islas en las que hay especies naturales que han evolucionado aisladas. Así, la introducción de zorros, conejos, sapos, gatos monteses y hasta búfalos han devastado muchos ecosistemas de Australia. Plantas, como el arbusto sudamericano del género Lantana, han invadido el bosque natural en muchas islas tropicales y subtropicales y han provocado alteraciones graves en estos ecosistemas; el jacinto acuático africano, género Eichhornia, también ha perturbado de forma similar los ecosistemas de agua dulce de muchos lugares cálidos del mundo. Problemas de este tipo también se observan en Argentina con especies animales como el castor, que al construir sus presas transforma el ambiente, y el ciervo colorado, que compite con otras especies de ciervos autóctonas como el huemul y el pudú por el alimento.

Sobreexplotación
La captura de un número excesivo de animales o plantas de un ecosistema puede inducir cambios ecológicos sustanciales. El ejemplo más importante en la actualidad es la sobrepesca en los mares de todo el mundo. El agotamiento de la mayor parte de las poblaciones de peces es, sin duda, causa de cambios importantes, aunque sus repercusiones a largo plazo son difíciles de evaluar.

Al desaparecer muchos ejemplares de una especie se altera por completo las redes tróficas. Esto genera, por ejemplo, superpoblación de algunos animales, que en su mayoría podrían llegar a ser perjudiciales, por la falta de depredación.


Conclusión

Hipótesis: ¿Las pérdidas y/o alteraciones de los factores de un ecosistema (ya sean bióticos o abióticos) pueden provocar cambios nocivos en el ambiente?

Con estas observaciones he llegado a la conclusión de que la hipótesis planteada es verdadera.
La pérdida y/o alteración de alguno de los factores de un ecosistema puede provocar cambios nocivos en el ambiente porque si desaparece, por ejemplo una especie animal u otra es introducida se genera un desequilibrio. El mismo modifica la cadena alimenticia y atenta contra algunas especies.

Cuando se modifica el curso de un rio o cuando se tala un bosque se provoca una alteración en los ciclos y en el orden natural que terminará dañando el ambiente.
Es necesario actuar para solucionar estas amenazas. Y no sólo por un motivo estético o sentimental relacionado con lo feo que queda un paisaje con el bosque talado o enfermo o la pena que puede dar que desaparezcan unas especies de mamíferos, aves o anfibios.
Necesitamos la riqueza biológica de los ecosistemas porque toda la ecosfera es un gran ecosistema en el que todos sus componentes están estrechamente relacionados y los daños graves en alguna de sus partes repercuten, cuando menos lo esperamos, en desequilibrios en todo el planeta. La humanidad necesita para vivir una biosfera saludable y un planeta equilibrado. La posibilidad de completar los ciclos de los elementos químicos, de purificar los residuos que producimos o de controlar numerosas enfermedades depende de un correcto funcionamiento de la naturaleza.

La diversidad de especies y de genes sigue siendo el principal recurso para la obtención de alimentos, medicinas y sustancias químicas de muy diferentes usos. Considerado a largo plazo, la evolución y adaptación de las especies a los cambios ambientales depende también de la riqueza de genes y especies. Por esto la extinción de una especie es también una desgracia incluso desde el punto de vista más utilitario.

Además no es necesario, en absoluto, destruir o dañar gravemente los ecosistemas para mantener un adecuado nivel de desarrollo y extenderlo a toda la humanidad. Es más bien un problema de uso inteligente de los recursos y de poner limitaciones a prácticas abusivas y caprichosas.

El control de la contaminación y de la emisión de gases de invernadero exigirá adoptar medidas a escala mundial; también requiere medidas coordinadas de este tipo la interrupción del deterioro de las pesquerías marinas por sobrepesca. En última instancia, la solución estriba en controlar el crecimiento de la población humana y en adoptar una postura mucho más restrictiva en cuanto al uso de recursos naturales y energía.

Bibliografías:

Editorial Estrada, Ciencias Naturales 7 EGB- 1ESB, pág. 184 a 190
Enciclopedia temática Espasa, Ecología, pág. 375 a 376
http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/1074/1/cuadbiod23_2.pdf
http://www.greenfacts.org/es/biodiversidad/l-2/2-beneficios-biodiversidad.htm#3http://es.encarta.msn.com/encyclopedia_961521900_2/Ecosistema.html
Muchas gracias!!!!!

8 comentarios:

Sanchete dijo...

Gran trabajo, gracias por el artículo! Enhorabuena por el blog :)

http://vidadefieras.blogspot.com

Anónimo dijo...

es un cacaaaaaaaaaaa caaaaacaaaaaaaa ok...katyy

Anónimo dijo...

es caca ese trabajoooooo...

JennyEstefania dijo...

Muy buena informacion el blog les quedo muy bonito y
GRACIAS Xd'

Anónimo dijo...

esta bien cooool

Anónimo dijo...

holoooooopupuchurakaa!!

Anónimo dijo...

ese trabajo es una reverenda mierdaa!

Anónimo dijo...

Esta cabron el blog!!